Recomendaciones de vacunación antigripal en pacientes con enfermedades crónicas
La gripe estacional continúa siendo una causa importante de morbimortalidad en personas con condiciones crónicas subyacentes, con tasas de hospitalización y complicaciones que superan ampliamente las observadas en la población general. Cada año, los servicios de epidemiología y las sociedades científicas actualizan sus indicaciones tras revisar la evidencia disponible sobre eficacia, efectividad y seguridad de las vacunas disponibles, y esta temporada presenta novedades que el médico de familia debe integrar en su práctica diaria.
La campaña de vacunación antigripal 2025-2026 incorpora ajustes sustanciales en grupos diana, tipos de vacunas recomendadas y refuerzo de indicaciones en pacientes pluripatológicos. Las nuevas recomendaciones del Ministerio de Sanidad, alineadas con los criterios del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades, priorizan la protección de pacientes con enfermedades crónicas cardiovasculares, respiratorias, metabólicas, renales y hepáticas, así como de personas mayores de 60 años y residentes en instituciones cerradas.
En el contexto de la atención primaria, la captación activa de estos pacientes supone un reto organizativo y clínico. La actualización de los protocolos internos, la formación del equipo y la búsqueda sistemática de pacientes no vacunados son intervenciones con alto impacto en la reducción de complicaciones graves, ingresos hospitalarios y mortalidad asociada a la gripe.
Cambios principales en la campaña antigripal 2025-2026
El documento de consenso publicado por el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas establece para esta temporada modificaciones que afectan tanto a la composición de las vacunas como a los grupos poblacionales priorizados. Se mantiene la recomendación de vacunación universal a partir de los 60 años y en todos los grupos de riesgo, pero se refuerza la indicación en pacientes con condiciones crónicas específicas, independientemente de su edad.
Una de las novedades más relevantes es la preferencia por vacunas de dosis alta o adyuvadas en mayores de 65 años, basándose en la evidencia de una respuesta inmune más robusta y una mayor efectividad para prevenir hospitalizaciones y complicaciones. Para los pacientes con enfermedades crónicas menores de 65 años, las vacunas tetravalentes estándar siguen siendo la opción preferente, aunque se abre la puerta al uso de formulaciones de carga antigénica reforzada en pacientes inmunocomprometidos o con respuesta previa insuficiente.
Otro aspecto destacado es la ampliación del período de vacunación. La campaña se adelanta a finales de septiembre y se prolonga hasta febrero, siempre que haya disponibilidad de dosis. Esta ventana ampliada permite captar pacientes que tradicionalmente se vacunaban tarde o que necesitan dosis de refuerzo durante el pico invernal, y se ha simplificado la logística de distribución en los centros de salud con dosis preasignadas según la población diana estimada.
Ampliación de los grupos de riesgo con comorbilidades
La lista de condiciones crónicas que justifican la vacunación antigripal se ha ampliado y refinado en los últimos años. Además de las indicaciones clásicas (enfermedades cardiovasculares, respiratorias, diabetes y enfermedad renal), se incluyen ahora otras entidades con suficiente evidencia de mayor riesgo de complicaciones, como la enfermedad hepática crónica avanzada, las hemoglobinopatías, los trastornos de la coagulación, la obesidad mórbida y las enfermedades neuromusculares graves.
También se ha explicitado con mayor precisión la indicación en pacientes con cáncer activo o en tratamiento inmunosupresor, trasplantes de órgano sólido y personas con infección por VIH con recuento de CD4 inferior a 200 células. En estos escenarios, la inmunogenicidad de la vacuna puede estar disminuida, por lo que se recomienda completar la pauta con dosis de refuerzo y considerar estrategias de vacunación del entorno cercano.
Desde la perspectiva de la medicina de familia, esta ampliación de indicaciones obliga a revisar los listados de pacientes crónicos y a actualizar los sistemas de avisos del programa de historia clínica electrónica. La identificación proactiva de pacientes no vacunados mediante búsquedas automatizadas y la captación oportunista durante las consultas de seguimiento son estrategias coste-efectivas para mejorar las coberturas. Un repaso estructurado por aparatos y sistemas durante la consulta anual de cronicidad facilita la inclusión de todos los pacientes elegibles.
Pacientes con insuficiencia cardiaca y cardiopatía isquémica
Las enfermedades cardiovasculares representan uno de los grupos con mayor beneficio absoluto de la vacunación antigripal. Diversos estudios observacionales y ensayos clínicos han demostrado reducciones de hasta un 30% en la mortalidad por todas las causas y del 20% en hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca durante las temporadas epidémicas en pacientes vacunados. La evidencia es especialmente robusta en mayores de 65 años con fracción de eyección reducida, donde la infección gripal puede actuar como desencadenante de descompensaciones.
En el manejo ambulatorio del paciente cardiópata, la recomendación de vacunación debe integrarse en el plan terapéutico global, junto con el control de factores de riesgo, el ajuste farmacológico y la educación sanitaria. Un análisis reciente del Rincón Docente revisa las estrategias terapéuticas con mayor impacto pronóstico en cardiopatía con preservación de la función ventricular, un escenario clínico cada vez más prevalente en nuestras consultas.
Para los pacientes con cardiopatía isquémica estable, la vacunación antigripal se asocia a una menor incidencia de síndrome coronario agudo durante los meses invernales, probablemente por reducción de la inflamación sistémica y del estrés hemodinámico asociado a la infección. La seguridad de la vacuna inactivada está ampliamente demostrada en este colectivo, con un perfil de efectos adversos similar al de la población general y sin interacción relevante con antiagregantes, anticoagulantes o fármacos cardiovasculares. La única contraindicación absoluta sigue siendo la reacción anafiláctica previa documentada a una dosis anterior.
El mensaje clave es claro: en todo paciente con insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica o valvulopatía significativa, la vacunación antigripal anual debe plantearse como una intervención terapéutica más, con un nivel de recomendación equivalente al de cualquier otro fármaco con impacto pronóstico demostrado.
Enfermedades respiratorias crónicas: EPOC, asma grave y fibrosis pulmonar
Los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas presentan un riesgo particularmente elevado de complicaciones graves por gripe, incluyendo exacerbaciones, neumonía bacteriana secundaria, ingreso en cuidados intensivos y mortalidad. En la EPOC, los estudios observacionales muestran que la vacunación antigripal reduce un 25-30% las exacerbaciones graves y alrededor de un 50% las hospitalizaciones específicas por gripe, con un número necesario a tratar muy favorable.
En el asma, la evidencia es más heterogénea, pero se mantiene la recomendación de vacunación anual en pacientes con asma grave persistente o que precisan tratamiento de mantenimiento con corticoides inhalados a dosis altas o biológicos. La vacuna inactivada es segura y no desencadena exacerbaciones asmáticas con mayor frecuencia que en la población general. La vacunación con virus atenuados intranasales está contraindicada en asma grave por riesgo de exacerbación.
Para los pacientes con fibrosis pulmonar idiopática y otras enfermedades pulmonares intersticiales, así como con hipertensión pulmonar, la vacunación antigripal se considera prioritaria por la elevada letalidad de las infecciones respiratorias en estos colectivos. Algunos estudios sugieren que la vacunación puede reducir la frecuencia de exacerbaciones agudas de la fibrosis pulmonar, aunque la evidencia procede de series retrospectivas.
Reforzar en cada visita de control el mensaje de que la gripe no es un resfriado común es una intervención educativa de bajo coste y alto valor clínico para nuestros pacientes respiratorios crónicos.
Diabetes mellitus, enfermedad renal crónica y hepatopatías
Los pacientes con diabetes mellitus, especialmente aquellos con mal control glucémico o complicaciones microvasculares o macrovasculares asociadas, presentan un riesgo tres veces mayor de hospitalización por gripe y complicaciones. La vacunación antigripal reduce de forma consistente las visitas a urgencias, los ingresos hospitalarios y la mortalidad por todas las causas en esta población, con un perfil de seguridad excelente y sin impacto sobre el control glucémico.
En la enfermedad renal crónica, particularmente en pacientes con filtrado glomerular estimado inferior a 30 ml/min o en diálisis, la respuesta inmune a la vacuna puede estar atenuada, pero el beneficio clínico sigue siendo significativo. Se recomienda la vacunación anual con dosis estándar, evitando las vacunas de virus atenuados. Algunos estudios sugieren la administración de una segunda dosis en pacientes en hemodiálisis con respuesta de anticuerpos insuficiente, aunque esta estrategia no está generalizada.
Los pacientes con hepatopatía crónica avanzada, incluyendo aquellos con cirrosis compensada y descompensada, también se incluyen en los grupos de riesgo. La gripe puede precipitar descompensaciones hepáticas, síndrome hepatorrenal y peritonitis bacteriana espontánea. La vacunación está contraindicada únicamente en caso de reacción alérgica grave previa, sin que la hepatopatía activa suponga una contraindicación.
En el seguimiento de estos pacientes en atención primaria, es útil registrar el estado vacunal en un lugar visible de la historia clínica y aprovechar las analíticas de control para reforzar la recomendación, ya que la diabetes, la insuficiencia renal y las hepatopatías son motivos frecuentes de consulta que ofrecen múltiples oportunidades de captación.
Pacientes mayores, inmunosenescencia y respuesta vacunal
El envejecimiento del sistema inmune, conocido como inmunosenescencia, provoca una respuesta humoral y celular atenuada frente a las vacunas, lo que se traduce en una menor efectividad clínica en mayores de 65 años. Para contrarrestar este fenómeno, las recomendaciones actuales priorizan el uso de vacunas reforzadas en este grupo etario.
Las opciones disponibles incluyen vacunas de dosis alta (contienen 60 μg de hemaglutinina por cepa, el cuádruple que las estándar), vacunas adyuvadas (con adyuvante MF59 o AS03) y vacunas recombinantes producidas en cultivo celular. Los ensayos clínicos y estudios observacionales muestran que estas formulaciones producen respuestas de anticuerpos superiores y reducciones clínicamente significativas en hospitalizaciones y complicaciones frente a las vacunas estándar.
La elección entre las distintas vacunas reforzadas depende de la disponibilidad local, las preferencias del paciente y la experiencia del equipo. En pacientes mayores frágiles, con pluripatología o residentes en instituciones cerradas, la vacuna de dosis alta o adyuvada debe ofrecerse como primera opción. Es importante recordar que las vacunas reforzadas mantienen el mismo perfil de seguridad que las estándar, con una frecuencia ligeramente superior de reacciones locales leves que no contraindica su uso.
Un aspecto clave en mayores pluripatológicos es la administración conjunta con otras vacunas del calendario (neumococo, COVID-19, tosferina en embarazadas). La coadministración es segura y permite aprovechar la consulta para actualizar el calendario vacunal completo, reduciendo visitas y mejorando la cobertura global.
Implementación práctica en la consulta de medicina de familia
La traducción de las recomendaciones a la práctica clínica diaria requiere estrategias concretas en cada centro de salud. La primera es la actualización de los protocolos internos, incluyendo los criterios de indicación, las vacunas recomendadas por grupo de edad y riesgo, y los circuitos de solicitud y administración.
La segunda es la búsqueda activa de pacientes no vacunados. Los sistemas de historia clínica electrónica permiten generar listados de pacientes crónicos sin registro de vacunación antigripal en la temporada actual, lo que facilita la captación telefónica o por mensaje de salud. Esta intervención, combinada con la recomendación presencial durante cualquier consulta, ha demostrado mejoras significativas en las coberturas.
La tercera es la formación del equipo. Personal de enfermería, médicos de familia, pediatras y administrativos deben conocer los grupos de riesgo, las indicaciones y los argumentos para responder a las dudas frecuentes de la población. Las creencias erróneas sobre la vacuna siguen siendo barreras importantes, especialmente en pacientes mayores y población inmigrante.
Finalmente, conviene evaluar los resultados de la campaña con indicadores claros: porcentaje de vacunación en mayores de 65 años, porcentaje en pacientes con enfermedades crónicas priorizadas, porcentaje en residentes en instituciones y comparación con temporadas previas. La auditoría periódica permite identificar áreas de mejora y reconocer las intervenciones más efectivas en cada equipo de atención primaria.
Acuda a su centro de salud y solicite la vacunación antigripal si forma parte de alguno de los grupos de riesgo. Si tiene una enfermedad crónica, no espere a la campaña general: cualquier consulta de seguimiento es una oportunidad adecuada para plantear la vacunación. Hable con su médico de familia sobre las opciones disponibles en esta temporada y resuelva cualquier duda antes del pico epidémico. La protección frente a la gripe es una intervención sencilla, segura y con un impacto demostrado en la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes con enfermedades crónicas. Comparta esta información con familiares y personas de su entorno que puedan beneficiarse de la vacunación, porque cada dosis administrada representa una herramienta más en la prevención de complicaciones evitables.