Artrosis de rodilla: qué funciona y qué no según la evidencia actual

La gonartrosis o artrosis de rodilla es una de las consultas más frecuentes en las consultas de Medicina de Familia. Representa una causa principal de discapacidad funcional en adultos mayores de 50 años, con un impacto creciente en la calidad de vida y en el consumo de recursos sanitarios. En atención primaria, la mayor parte de los pacientes son tratados con estrategias conservadoras, derivadas de guías que se actualizan periódicamente con nuevos ensayos clínicos y metaanálisis. Erupción Por Varicela En Adultos Mayor Riesgo De Complicaciones.

En los últimos años, el cuerpo de evidencia ha cambiado de forma significativa. Algunas intervenciones ampliamente utilizadas han perdido respaldo tras revisiones sistemáticas rigurosas, mientras que otras, antes consideradas secundarias, han demostrado un efecto clínico relevante. Esta actualización revisa las terapias con mayor nivel de evidencia, separando las recomendaciones consolidadas de aquellas que deberían abandonarse o restringirse en la práctica diaria.

El propósito de este análisis es ofrecer al médico de familia un marco práctico para tomar decisiones terapéuticas informadas, evitando tanto el sobretratamiento como el nihilismo terapéutico. Se han priorizado metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados recientes y documentos de consenso de sociedades científicas reconocidas, aplicando cuando ha sido posible la metodología GRADE para graduar la calidad de la evidencia.

Ejercicio terapéutico y reducción de peso: los pilares que sostienen el tratamiento conservador

El ejercicio físico supervisado sigue siendo la intervención no farmacológica con mayor respaldo para reducir el dolor y mejorar la función en pacientes con artrosis de rodilla. Una revisión Cochrane actualizada confirma que los programas estructurados de fortalecimiento del cuádriceps, ejercicios aeróbicos de bajo impacto y combinaciones de entrenamiento de resistencia producen mejorías clínicamente relevantes a corto y medio plazo, con un tamaño del efecto moderado y un perfil de seguridad excelente. Estos beneficios son independientes de la edad, del grado radiológico de la enfermedad y de la presencia de comorbilidades, lo que convierte a la prescripción de ejercicio en una herramienta transversal en la consulta.

La pérdida de peso, cuando existe sobrepeso u obesidad, complementa de forma sinérgica los efectos del ejercicio. Modelos basados en ensayos clínicos sugieren que una reducción del 5 al 10 % del peso corporal se asocia con mejoras sintomáticas medibles y con una disminución del riesgo de progresión estructural. En la práctica, resulta más efectivo plantear objetivos pequeños y mantenibles, apoyándose en un equipo multidisciplinar que incluya enfermería y nutrición, que ofrecer metas ambiciosas difícilmente alcanzables a corto plazo.

La combinación de ejercicio y control ponderal supera a cualquiera de las dos intervenciones aplicadas de forma aislada. La adherencia, sin embargo, continúa siendo el principal problema. Programas basados en la comunidad, como los paseos grupales o la hidroterapia, han mostrado mejores tasas de continuidad que las recomendaciones genéricas. Es importante recordar que el reposo prolongado y evitar la actividad física por miedo al dolor, una conducta frecuente entre los pacientes, aceleran la atrofia muscular y empeoran el pronóstico funcional.

Analgésicos orales: del paracetamol a los AINEs tópicos y sistémicos

La evidencia sobre el paracetamol oral para el dolor crónico de rodilla se ha debilitado de forma considerable. Metaanálisis recientes muestran que su efecto sobre el dolor es estadísticamente significativo, pero clínicamente irrelevante, con un tamaño del efecto pequeño y diferencias mínimas frente a placebo. Su perfil de seguridad, especialmente a nivel hepático con dosis elevadas o en pacientes con consumo enólico, limita aún más su utilidad. Diversas guías internacionales han pasado a considerarlo una opción de segunda línea o incluso a desaconsejarlo como tratamiento de primera elección.

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) tópicos han ganado protagonismo como alternativa inicial en pacientes con dolor leve a moderado. Las formulaciones de diclofenaco o ketoprofeno al 1-2 % aplicadas sobre la rodilla afectada muestran una eficacia comparable a la de los AINEs orales en las primeras semanas, con una absorción sistémica muy reducida y un riesgo gastrointestinal y cardiovascular prácticamente nulo. Esto los hace especialmente indicados en pacientes mayores, polimedicados o con factores de riesgo para complicaciones por AINEs sistémicos.

Cuando el dolor es más intenso o interfiere con el sueño, los AINEs orales siguen siendo la opción más eficaz entre los analgésicos convencionales. Naproxeno e ibuprofeno a dosis bajas se consideran razonablemente seguros en pacientes sin enfermedad renal, ulcerosa o cardiovascular activa. Los inhibidores selectivos de la COX-2, como el celecoxib, pueden emplearse en pacientes con riesgo gastrointestinal elevado, aunque su perfil cardiovascular exige precaución en presencia de cardiopatía isquémica o insuficiencia cardíaca. Un aspecto que merece atención en atención primaria es la reevaluación periódica del tratamiento: muchos pacientes mantienen AINEs orales de forma crónica sin una indicación clara, asumiendo riesgos prevenibles.

Terapias intraarticulares: corticosteroides, ácido hialurónico y plasma rico en plaquetas

Las infiltraciones intraarticulares de corticosteroides continúan siendo una herramienta válida para el control de los brotes inflamatorios agudos. Los ensayos disponibles muestran alivio del dolor a corto plazo, con un pico de efecto en las primeras dos semanas y un beneficio que suele desaparecer más allá de las seis u ocho semanas. Su uso racional se justifica en pacientes con dolor agudo incapacitante o como puente hacia una intervención más definitiva, evitando repeticiones frecuentes por el riesgo teórico de deterioro del cartílago a largo plazo, aún debatido.

El ácido hialurónico, conocido como viscosuplementación, ofrece resultados más heterogéneos. Algunos metaanálisis encuentran mejorías pequeñas pero significativas en dolor y función, mientras que otros no muestran diferencias relevantes frente a placebo. Las guías actuales lo posicionan como una opción a considerar en pacientes con respuesta insuficiente a tratamientos conservadores, siempre que se explique la magnitud modesta del beneficio y se valore el coste. Las formulaciones de alto peso molecular y los esquemas de dosis única parecen presentar una eficacia discretamente superior.

El plasma rico en plaquetas (PRP) ha despertado un interés considerable, pero la evidencia sigue siendo inconsistente. Los estudios varían mucho en la concentración plaquetaria, el método de preparación y los protocolos de infiltración, lo que dificulta la comparación. Los metaanálisis más rigurosos concluyen que el PRP autólogo puede ofrecer ventajas frente a placebo en ciertos subgrupos, pero la heterogeneidad impide establecer conclusiones firmes. Por ahora, su uso debería reservarse a protocolos de investigación o a pacientes seleccionados con información explícita sobre la incertidumbre existente. La necesidad de leer con criterio la literatura no se limita a la reumatología, como demuestra el análisis de revisiones sobre erupciones cutáneas en otras áreas de la medicina de familia.

Cuándo plantear la cirugía protésica y qué esperar de ella

La artroplastia total de rodilla es una de las intervenciones quirúrgicas más realizadas en el mundo, con resultados consistentemente positivos cuando la indicación es adecuada. Los estudios prospectivos muestran mejorías marcadas en dolor, función y calidad de vida en aproximadamente el 80-90 % de los pacientes intervenidos, con una durabilidad protésica superior a los 15 años en la mayoría de los casos. La decisión quirúrgica debe basarse en el fracaso documentado del tratamiento conservador, un dolor limitante para las actividades cotidianas y hallazgos radiológicos concordantes.

Antes de derivar al paciente, conviene asegurar que se ha realizado un tratamiento conservador óptimo durante al menos seis meses, incluyendo ejercicio supervisado, control de peso y analgesia adecuada. La derivación precoz, motivada por la presión del paciente o por la frustración del profesional, puede llevar a cirugías técnicamente exitosas pero con resultados funcionales subóptimos. La optimización de comorbilidades, especialmente diabetes, anemia y desnutrición, reduce complicaciones perioperatorias y mejora la recuperación.

Un aspecto menos conocido es la elevada prevalencia de dolor crónico postquirúrgico, estimado entre el 10 y el 20 % de los pacientes operados. Factores de riesgo como la catastrofización, la depresión, la intensidad del dolor preoperatorio y la presencia de dolor en otras localizaciones se asocian a peores desenlaces. Por tanto, una valoración biopsicosocial previa a la cirugía y, en muchos casos, un manejo compartido con rehabilitación y psicología, contribuye a mejorar los resultados y a reducir insatisfacciones posteriores.

Intervenciones con evidencia débil o desfavorable que conviene reducir

Varias terapias ampliamente extendidas en la práctica clínica cuentan con un respaldo científico mucho menor del que se les atribuye. Los opioides menores, como el tramadol, y los mayores se han utilizado para el dolor crónico de rodilla, pero los ensayos muestran beneficios modestos a corto plazo y un riesgo elevado de dependencia, caídas y eventos adversos gastrointestinales. Las guías actuales desaconsejan su uso prolongado y los reservan para pacientes en los que han fracasado las demás opciones, incluido el reemplazo articular.

Los suplementos de glucosamina y condroitín sulfato, pese a su popularidad, han mostrado resultados inconsistentes en metaanálisis recientes. Algunos estudios encuentran mejorías pequeñas frente a placebo, pero la mayoría concluye que la relevancia clínica es cuestionable. Su perfil de seguridad es aceptable, pero el coste acumulado y la falta de un efecto claramente demostrado justifican una conversación honesta con el paciente sobre lo que puede esperar de estos productos.

La ozonoterapia, las inyecciones de células madre mesenquimales y otras terapias biológicas avanzadas se ofrecen en algunas clínicas con promesas de regeneración del cartílago que la evidencia actual no respalda. Los ensayos clínicos disponibles son escasos, heterogéneos y a menudo no controlados, lo que impide extraer conclusiones sobre eficacia y seguridad. En consulta, es importante transmitir al paciente la diferencia entre innovación terapéutica y procedimientos experimentales no validados, evitando tanto el rechazo dogmático como la adopción acrítica de modas terapéuticas. En este mismo espíritu de actualización crítica, el análisis de las nuevas combinaciones farmacológicas en otras patologías crónicas, como la que puede consultarse sobre estatinas y ezetimiba, ilustra cómo la lectura crítica de la evidencia transforma la práctica diaria.

La decisión terapéutica en la artrosis de rodilla rara vez depende de un único fármaco o intervención. Los mejores resultados se obtienen combinando ejercicio adaptado, control del peso, analgesia escalonada según la intensidad del dolor y un uso juicioso de las infiltraciones, reservando la cirugía para casos claramente refractarios. Conocer qué intervenciones tienen respaldo sólido y cuáles se mantienen por costumbre o presión comercial es una responsabilidad ineludible del médico de familia. Si te ha resultado útil esta síntesis, suscríbete al blog para recibir las próximas actualizaciones sobre terapias basadas en la evidencia en patología musculoesquelética y otras áreas de la medicina de familia.