Estatinas en prevención primaria en personas con VIH

La prevención cardiovascular ha adquirido un papel central en la atención de las personas con infección por el VIH. La eficacia del tratamiento antirretroviral ha prolongado la supervivencia, pero la enfermedad cardiovascular aterosclerótica continúa siendo una causa relevante de morbimortalidad. La inflamación persistente, la activación inmunitaria, algunos efectos metabólicos del tratamiento y la mayor frecuencia de tabaquismo, hipertensión o alteraciones lipídicas contribuyen a este riesgo.

Durante años, la decisión de iniciar una estatina en prevención primaria se apoyó casi exclusivamente en las calculadoras de riesgo desarrolladas para población general. Su aplicación en pacientes con VIH es imperfecta: pueden subestimar el riesgo real y no incorporan bien la duración de la infección, la exposición acumulada a determinados antirretrovirales ni los marcadores de inflamación crónica.

El ensayo REPRIEVE, publicado en 2023, ha modificado el debate. Por primera vez, un estudio internacional de gran tamaño evaluó directamente una estatina en personas con VIH sin enfermedad cardiovascular conocida y con riesgo cardiovascular bajo o moderado. Sus resultados aportan una base sólida para la toma de decisiones, aunque no eliminan la necesidad de individualizar el tratamiento.

Por qué el VIH modifica el riesgo cardiovascular

Las personas con VIH presentan una mayor probabilidad de sufrir infarto de miocardio, ictus y otros eventos aterotrombóticos que la población sin infección, incluso cuando reciben tratamiento antirretroviral eficaz y mantienen una carga viral indetectable. La diferencia no puede explicarse únicamente por los factores de riesgo clásicos.

La replicación viral residual, la disbiosis intestinal, la activación de monocitos y la inflamación vascular pueden persistir pese a la supresión virológica. También pueden influir la lipodistrofia, la resistencia a la insulina, la exposición previa a inhibidores de la proteasa y el propio envejecimiento de una población que hace décadas tenía una expectativa de vida mucho menor.

El riesgo aumenta especialmente cuando coinciden tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes, enfermedad renal crónica o concentraciones elevadas de colesterol no HDL. En este contexto, un cálculo numérico aparentemente bajo no debe interpretarse como ausencia de riesgo. El VIH debe actuar como un factor que intensifica la valoración clínica, junto con la duración de la infección y la historia de inmunosupresión.

Qué demostró el ensayo REPRIEVE

REPRIEVE fue un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que incluyó a 7769 adultos con VIH, entre 40 y 75 años, sin enfermedad cardiovascular conocida. Los participantes recibían tratamiento antirretroviral estable, tenían un colesterol LDL inferior a 190 mg/dl y un riesgo cardiovascular bajo o intermedio según los criterios utilizados en el estudio.

La intervención consistió en pitavastatina 4 mg al día. Tras una mediana de seguimiento de 5,1 años, el grupo tratado presentó menos eventos cardiovasculares adversos mayores —muerte cardiovascular, infarto de miocardio, ictus, angina inestable o revascularización— que el grupo placebo. La tasa fue de 4,81 frente a 7,32 eventos por 1000 personas-año, con una hazard ratio de 0,65 y un intervalo de confianza del 95 % entre 0,48 y 0,90.

La reducción relativa aproximada fue del 35 %. La diferencia absoluta fue más modesta, cercana a 1,5 puntos porcentuales a cinco años, lo que equivale a un número necesario a tratar aproximado de 67 durante ese periodo. Esta diferencia es clínicamente relevante, pero también ayuda a explicar por qué la decisión debe considerar la expectativa de vida, la probabilidad de adherencia, las preferencias y el riesgo basal individual.

El beneficio fue consistente en distintos subgrupos, aunque el ensayo no permite asumir que todas las estatinas produzcan exactamente el mismo efecto en esta población. Tampoco demuestra que el tratamiento deba iniciarse automáticamente en toda persona con VIH de cualquier edad o con cualquier perfil clínico.

Cómo interpretar la magnitud del beneficio

El resultado de REPRIEVE apoya una estrategia más activa que la basada únicamente en los umbrales tradicionales de riesgo calculado. Las recomendaciones estadounidenses de atención a las personas con VIH aconsejan una estatina de intensidad moderada en adultos de 40 a 75 años con un riesgo cardiovascular a diez años igual o superior al 5 %. Cuando el riesgo se sitúa entre el 1 % y el 5 %, el beneficio esperado suele ser menor, pero puede ser razonable ofrecer el tratamiento tras una conversación individualizada.

En pacientes con riesgo inferior al 1 %, la evidencia es menos directa. No se trata de un grupo en el que la prescripción sea sistemática. Deben ponderarse la presencia de factores potenciadores del riesgo, como infección prolongada, nadir bajo de linfocitos CD4, exposición a periodos de viremia, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, enfermedad renal, hipertensión, tabaquismo o alteraciones metabólicas.

Las calculadoras generales pueden ser útiles para ordenar la valoración, pero no deben convertirse en el único criterio. La ecuación de riesgo cardiovascular de la población general no recoge de forma adecuada la inflamación asociada al VIH y puede ofrecer una falsa sensación de seguridad. Cuando existe incertidumbre, el colesterol no HDL, la lipoproteína(a), la enfermedad renal, la presencia de ateromatosis subclínica y la evolución de los factores de riesgo pueden ayudar a completar la decisión.

Aspecto Hallazgo relevante Aplicación práctica
Población estudiada Adultos de 40-75 años con VIH, sin enfermedad cardiovascular y con riesgo bajo o moderado La evidencia principal corresponde a prevención primaria en este intervalo de edad
Fármaco evaluado Pitavastatina 4 mg diarios Es la estatina con evidencia directa de resultados clínicos en REPRIEVE
Resultado cardiovascular Reducción relativa aproximada del 35 % en eventos cardiovasculares mayores El beneficio relativo fue importante, aunque el beneficio absoluto dependió del riesgo basal
Seguridad Más síntomas musculares y un pequeño aumento de diabetes incidente; sin exceso claro de acontecimientos adversos graves Es necesario revisar síntomas, glucemia y factores predisponentes
Interacciones Menor dependencia del metabolismo CYP3A4 que simvastatina o lovastatina La elección debe adaptarse al régimen antirretroviral y a las tablas de interacción
Incertidumbres Seguimiento mediano de poco más de cinco años y población seleccionada No permite extrapolar automáticamente a menores de 40 años, enfermedad cardiovascular previa o insuficiencia renal avanzada

Seguridad, tolerancia e interacciones farmacológicas

En REPRIEVE, los síntomas musculares fueron algo más frecuentes con pitavastatina que con placebo, aproximadamente 2,3 % frente a 1,4 %. La elevación clínicamente significativa de creatina cinasa fue infrecuente. También se observó un incremento pequeño de la diabetes de nueva aparición, especialmente pertinente en personas con obesidad, prediabetes, síndrome metabólico o antecedentes familiares.

La posibilidad de diabetes no debe llevar a descartar una estatina cuando el riesgo cardiovascular justifica su uso. Sí conviene registrar la glucemia o la hemoglobina glucosilada antes del tratamiento y repetirlas según el perfil de riesgo. La aparición de mialgias requiere una valoración clínica ordenada, porque el dolor musculoesquelético es frecuente y no siempre está causado por la estatina.

Las interacciones con el tratamiento antirretroviral constituyen una diferencia esencial respecto a la práctica habitual en población general. Los inhibidores de la proteasa potenciados con ritonavir o cobicistat pueden aumentar la concentración de algunas estatinas. Simvastatina y lovastatina están contraindicadas con determinados potenciadores, mientras que las dosis de atorvastatina o rosuvastatina pueden requerir límites específicos.

Pitavastatina tiene un metabolismo menos dependiente de CYP3A4 y fue seleccionada en REPRIEVE, pero eso no significa que esté libre de interacciones. La ficha técnica, las guías de VIH y los recursos actualizados de interacciones deben consultarse cada vez que se modifique el régimen antirretroviral. La revisión debe incluir también macrólidos, antifúngicos azólicos, ciclosporina y otros tratamientos concomitantes.

Qué estatina elegir en la consulta

Pitavastatina 4 mg es la opción con evidencia más directa para prevención primaria en personas con VIH sin enfermedad cardiovascular establecida. Su disponibilidad y financiación pueden variar según el país, por lo que en la práctica también se utilizan otras estatinas de intensidad moderada, como atorvastatina 20 mg o rosuvastatina 10 mg, siempre ajustadas a las interacciones y características del paciente.

La intensidad moderada suele ser suficiente para la mayoría de las situaciones de prevención primaria abordadas por REPRIEVE. Si existe hipercolesterolemia grave, diabetes de alto riesgo, enfermedad renal importante o una probabilidad cardiovascular claramente elevada, pueden estar indicadas estrategias más intensivas. En esos casos, la presencia de VIH no sustituye a los criterios generales de prevención cardiovascular, sino que los complementa.

Antes de prescribir, conviene confirmar el perfil lipídico, la presión arterial, el consumo de tabaco, el estado glucémico, la función renal y hepática y el tratamiento completo. No es necesario retrasar indefinidamente la decisión para obtener pruebas sofisticadas. La valoración clínica longitudinal suele aportar más información que una medición aislada.

Tras iniciar la estatina, un control lipídico a las 4-12 semanas permite comprobar respuesta y adherencia. Después, la periodicidad puede individualizarse. La ausencia de una reducción esperada del LDL debe hacer revisar cumplimiento, dieta, absorción, interacciones y la posibilidad de que el paciente esté tomando una dosis distinta de la prescrita.

Una decisión compartida y centrada en la persona

La conversación clínica debe explicar dos magnitudes diferentes: la reducción relativa del riesgo y el beneficio absoluto esperado. Decir que una estatina reduce los eventos un 35 % puede sobreestimar su impacto si el riesgo basal es muy bajo. En cambio, expresar que el beneficio observado en REPRIEVE fue de alrededor de 1,5 eventos menos por cada 100 personas tratadas durante cinco años ofrece una perspectiva más comprensible.

También es importante contextualizar los efectos adversos. Las mialgias suelen ser leves y reversibles, pero pueden afectar a la adherencia. Si aparecen, puede suspenderse temporalmente, descartar hipotiroidismo, ejercicio intenso u otras causas, y valorar una reintroducción, una dosis menor o una estatina alternativa. La intolerancia completa y persistente es menos frecuente de lo que sugieren algunos relatos basados exclusivamente en síntomas.

Las medidas no farmacológicas siguen siendo fundamentales: abandono del tabaco, actividad física adaptada, patrón alimentario saludable, control de la presión arterial y prevención de la diabetes. La estatina no compensa una exposición tabáquica mantenida ni reemplaza la atención integral de los determinantes sociales y metabólicos de la salud.

Recomendaciones para la práctica clínica

La evidencia actual respalda integrar la prevención cardiovascular en la atención ordinaria del VIH, sin convertir la prescripción automática en el objetivo. REPRIEVE proporciona una base firme para tratar a muchos pacientes que antes quedaban en una zona de incertidumbre, pero la decisión sigue dependiendo del riesgo absoluto, la seguridad farmacológica y los valores de cada persona.

Aplicar estos datos en atención primaria exige revisar de forma sistemática el riesgo cardiovascular, el tratamiento antirretroviral y las preferencias del paciente. Incorporar esta evaluación a la consulta habitual puede prevenir eventos clínicos relevantes y mejorar la continuidad del cuidado. Consulte las guías de interacción y documente la decisión compartida en la historia clínica para convertir la evidencia en una intervención segura y útil.